Murmuro Estertor
Si es que existe algo así en realidad, bueno, pues este sería uno.
Después de cinco (5) muy cortos…. muy cortos intentos en realidad, ha sido imposible saber que carájos quería hacer con este blog. El cuarto nivel se convirtió en un concepto tan poco conceptuado sentado en mi cabeza, tratando de pararse cada vez que podía para volar, que he decidido mejor tener algo así como una diarrea mental, una decisión no inducida, claro está, como todas aquellas que valen la pena penita pena.
Y me lamento… mento la cabeza de la madre de alguien que no conozco, pero como está bien dicho: muy triste pero feliz, como aquel famoso gusano, babosa o era lombriz?.
Así que esta puñalada, trapera, certera en el ojo, hasta el fondo y dando vueltas para la herida no sanar, está dada, o mejor, enterrada. Y que sufran los que tienen que sufrir, sobre todo el único que puede sufrir, yo.
Así que señores y señoras (niños espero que no hayan leído esto que acabo de decir), la búsqueda de un tal cuarto nivel en una tal por cual ciudad, Bogotá, se muere, agoniza, lo desangro. Le dejo murmurando estertores arrullos para bebes del demonio, nunca gritos, que tal que mas gente distinta a ustedes nos hubiera oído...
Suerte_muerte
[Con la actuación especial de...]
¿Alguien ha oído al gamín de Los piratas cantando (eróticamente) por ahí?, bueno... yo sí.Pero yo he visto muchas cosas atroces.
Y no sólo eso. Porque eso lo pudo haber visto cualquiera. Un pirata, ya saben,eso no es novedad. Sin embargo, no es lo que me ateñe en este momento, no por lo menos en este momento.
Me parecen más interesantes otras cosas de que hablar.
Digamos, si soy un invitado especial, que resulta mejor hablar de mis intereses. Hablemos, por ejemplo, de Scarlett Johannson, o mejor aún, hablemos de situaciaciones extrañas, como por ejemplo una de la que me enteré esta semana.
¿Cuántos tíos de ustedes han tomado cerveza con Elvis Presley?
Bueno, el mío lo hizo. Y casi como cuando hablamos de ustedes viendo piratas, mi tío tomó cerveza con el otrora Rey del Rock.
Lo hizo hace muchos en Indianápolis en lo que significó un evento, para él, trivial.
Pero ese es el caso. Mi tío, no el suyo, tomó cerveza con Elvis. Y nada de lo que usted haga va a superar eso. No por lo menos en algunos años, claro, cuando uno se pueda adjudicar eventos más importantes. Pero las cosas son así, lo son por ahora, al menos.
Yo nunca me he tomado una cerveza con nadie famoso ni importante, nadie al menos inmediatamente famoso ni importante, pero espero a la vuelta de los años haberlo hecho, como en su momento lo hizo mi tío con Elvis cuando éste no era ni famoso ni importante.
Es más, no espero hacerlo, espero, en cambio ser esa persona de la que otros hablarán, de la que otros individuos se jactarán de haber tomado una cerveza con.
Espero porque es una apuesta contra el Horla, contra el espíritu cruel de un destino manchado de paronia y muerte. Un destino de rutina por el que desde hoy no abogo, y contre el cual, apuesto cada día de mi vida.
Eso es hoy el 13 de noviembre de noviembre, cumpleaños de mi buena amiga Julia Schleppe.
Jorra, el americano finado.
[Crítica al esquema I]:
Bogotá es un mar, sí, una especie de mar dónde zonas, diseños, estilos y planes van y vienen de acuerdo a la marea, dejando de cuando en cuando sedimentos en lo más profundo de la ciudad.
Hemos sufrido cambios como cualquier otra ciudad, sin embargo, el espíritu renovador caníbal de nuestra sociedad no deja huella de nada que pueda asociarse con el pasado, momento en el tiempo donde son despersonificadas todas nuestras culpas. El legado físico del pasado es destruido sistemáticamente generación tras generación, sin asomo de aprecio alguno por las antiguas concepciones estéticas. Sí, en Bogotá cada quien (nuevo) hace lo que se le da la gana (nuevo), todos resultan "ciudadanos nuevos".
Ninguna de las pocas planeaciones estructuradas que ha tenido nuestra ciudad (muy pocas en realidad) ha funcionado, ¿por qué?, sencillamente porque un par de años después alguien ha decidido que ese lugar de Bogotá esta destinado para otro fin. Se han destruido millones de metros cuadrados de bellísimas obras arquitectónicas escudándose en una vacía renovación estética, que esta obedeciendo a fines meramente utilitarios.
Y aunque hoy en día resultaría inútil luchar contra la utilidad por la utilidad, este tipo de zonas urbanas deben estar concentradas en zonas específicas de la ciudad, en donde se permitan construcciones “colosalmente cómodas” y donde no se dañe la memoria colectiva urbana (…)
[Deforestación urbana]:
Aunque pueden existir parches excepcionales, y eso lo acepto (porque la excepción hace la regla), en general, la falta de sentido estético se propaga, se contagia, y termina por tomarse el ambiente general. Eso no tiene discusión, los sobreentendidos o reglas implícitas son las que más fácil se reproducen.
Ahora (…) aunque en Bogotá se podrían contar (y casi solo con los dedos de una mano) algunos ejemplos de construcciones con un buen sentido estético, son solo eso, ejemplos excepcionales; además hay un agravante, ninguna de ellas comparte estilo alguno.
Mi punto, es que en Bogotá el no-estilo de ciudad que se impone, es el del desorden, el caos, la suciedad (…) la supervivencia en espacios reducidos. Si hay construcciones y espacios muy bonitos y agradables, pero son parches sin relación entre si, que conllevan una definitiva testamentaria para la ciudad: no hay una ciudad (…) son muchas.
[ Primera Baba ]:
En un perro descomponiéndose tirado a la orilla de la carretera, el calor solo produce hormigas sobre su pelaje, la sangre no corre más, el sudor se ha petrificado en una delgada pasta, todo ahora es quietud, o mejor, muerte y putrefacción.Unamos ciudad con perro, habitantes con hormigas, y sangre y sudor con…
Las hormigas de nuestro finado amigo el perro, no pueden quedarse en él a construir, no pueden hacerlo su hogar, así como los habitantes de una ciudad muerta nunca se quedarán en ella a construir. ¿Lógico?, no lo sé, pero vamos a ver cómo nos comportamos en Bogotá.
[ Mero somero - sombrero ] :
Bueno, esta primera entrada será una muy simple y corta descripción de lo que espero está por venir.
Bogotá, como muy pocas ciudades capitales en el mundo, no tiene un 4° nivel, y como ratones de laboratorio, sus habitantes completamente determinados por el ambiente, tampoco tenemos ese mencionado “nivel”.
Este proyecto, muy personal entre otras cosas, espera identificar la falta del 4° nivel en los habitantes de Bogotá, las consecuencias de esta ausencia en nuestro andar y de paso, extirpar un poco de esa latente fibra membrosa que aún está dentro de mi.
(y así me pongo el sombrero)